Pollos de Cresta Roja adoptados por vecinos de la zona

AroaTodos nos enteramos de la quiebra de Cresta Roja, de la represión que sufrieron sus empleados después de haber sido echados, del acampe, de las balas de goma, de Rasic, de la jueza de apellido Casado, del síndico, del gobierno de Kirchner y del de Macri, de la ayuda, de Brasil y de los pollitos que trituraron vivos porque no tenían para darles de comer, de eso calculo nos enteramos todos.

Los que vimos el video, con un sonido más parecido a una película de Gaspar Noe que a una imagen de granja, sufrimos las consecuencias de nuestra propia conciencia que nos cacheteó y señaló eso que hacía tiempo no queríamos ver, los animales que matamos para comer. Minuto a minuto miles de millones de animales son asesinados para formar parte de nuestro menú. Un sinfín de especies van del nacimiento al plato. Sin remordimiento nos comemos a seres que querían vivir, porque así nos enseñaron, así lo aprendimos y así lo repetimos. Pero cuando la verdad es tan fuerte, como ver esos tiernos animales amarillos, bebés, pomposos, tan frágiles, cuando los vemos siendo triturados vivos, no podemos escaparnos más de nuestro sistema moral, ese que alguien alguna vez en la vida nos enseñó, ese que nos cuestiona a nosotros mismos, el del famoso que es lo que está bien y qué lo que está mal.

El video de los pollitos movilizó a muchos activistas, grupos independientes y demás Ongs y planteó la pregunta: “¿Qué está pasando con los animales mientras los ex empleados bloquean la Richieri?”. Sin darnos cuenta estábamos saliendo al otro día para Brandsen, donde supuestamente estaban los galpones de Cresta Roja. En la ruta nos íbamos mensajeando con unas abogadas animalistas de Mar del Plata, planteándoles cómo íbamos a hacer para poder entrar en un lugar sin nada legal, sin ningún contacto, sin ninguna seguridad, ni siquiera teníamos la seguridad de que los animales estuvieran vivos cuando llegáramos. Cuatro horas después estábamos en Brandsen, en una esquina nos encontramos con algunos activistas con los que al rato encaramos el viaje hacia los galpones. Nos perdimos mil veces antes de llegar, era de noche cuando encontramos la tranquera de madera, una mujer embarazada se acercó, me acuerdo de la pregunta de si éramos “los de los animales”, el “sigan derecho”, la gente con barbijos iluminada por los faroles de los autos, lo más parecido a una película de zombies u holocaustos, la gente que lloraba, el cacareo de las gallinas de las cajas. Somos dos, Fede y yo, así que nos dividimos; él se fue al galpón mientras yo me puse a organizar dónde meter a los animales. Abrimos el auto y logramos que entraran 17 en el baúl, sueltas. Cortamos botellas y les dimos agua, les tiramos maíz, estaban con mucho hambre. Saludé a personas que conozco por Facebook y reconocía a contraluz. Algunos decían “A los de Mar del Plata, ¡que tienen lugar!”. Con las gallinas ya en el auto nos volvimos a casa. Las pobrecitas se durmieron apenas arrancamos, apenas vieron la oscuridad, su primera vez en la vida que lo hicieron, es raro ver o vivir con alguien su primera vez en la vida de algo.

Teníamos adoptantes en Mar del Plata, pero de camino se nos ocurrió preguntar a la gente del barrio. A la primera persona que le consultamos nos dijo que sí, estábamos felices porque era una excelente adoptante. A las 4 de la mañana llegamos a su casa y bajamos las gallinas que tenían un día muy especial, ahora pisaban el pasto por primera vez también, levantando las patas, como enroscándolas, como una cortina de rollo, sintiendo la humedad y los bichitos de a poco, descubriendo lo que sería su primer momento en libertad. Dos viajes más hicimos después de ese. En estos entramos en lo que llaman las naves, olimos los animales abandonados, hacinados, que se comían entre ellos, vimos escenas tremendas, lloramos y hasta pensamos en abandonar, en dejar de grabar esto en nuestra memoria, vimos plumas por todos lados, huevos podridos, vimos animales hambreados, a los que se les había cortado el agua, animales que pasaron más de 50 días sin comer, vimos miedo, dolor y locura.

El 22 de enero, el juez nacional Eduardo Malde dio lugar al amparo en contra de Rasic (Cresta Roja), amparo que considera a los animales como personas no humanas en vez de como activos de una empresa. Aunque el juez no ratificó lo de “personas no humanas”, sí aceptó la situación crítica por la que están pasando los animales; abriendo las puertas para que los activistas podamos liberarlos. Este es un precedente único, que da el espacio para mirar de otra forma a los demás seres que habitan este mundo junto con nosotros.

Más de 100 animales fueron adoptados por vecinos de Sierra de los Padres, que se solidarizaron con la causa y ofrecieron un hogar en el que estas gallinas no serán explotadas nunca más, gracias a cada uno de ellos, un mundo más empático y compasivo es posible.

Malena Blanco

1 comentario para 'Pollos de Cresta Roja adoptados por vecinos de la zona'

  1. Claudia dice:

    Hola! Que grande lo que hicieron con los pollos! Unos genios! Los felicito!
    Hay más pollos para adoptar? Estoy interesada en adoptar.
    Aguardó respuesta
    Saludos!
    Claudia

Deja un comentario

Tu email no será publicado

A %d blogueros les gusta esto: