Editorial: Vení a mí fiestita!

No se asusten, no se trata de un chivo para un famoso cotillón del barrio. El tema es que son cada vez más los vecinos que se quejan porque ya no pueden festejar ni un cumpleaños, que ni bien se le juntan los primeros autos en la puerta y suenan los primeros temas, aparece en su puerta un patrullero advirtiendo que bajen la música. Es obvio que no van solos porque no la escucharon ni en la comisaría ni en el rondín, algún vecino, con muy buen oído y muy mal tino, llamó para denunciar.

Es difícil creer que en pleno proceso de ‘cambio’ la intolerancia siga a flor de piel. Si habláramos de un boliche que nos tortura tres o cuatro días a la semana, pero cuantas fiestas al año puede organizar en su casa un vecino común, y generalmente son viernes o sábados, con lo cual al otro día se puede dormir un ratito más o tirarse una siesta, esto en el peor de los casos, suponiendo que la obsesión y malestar porque otro se divierta realmente no nos permita pegar un ojo.

Ahora bien, si vamos a hablar de intolerancias, que hay de los que tiran la basura en la vereda del terreno baldío más cercano o en canastos ajenos, y de los que dejan sus perros sueltos, que pasa con los que tienen sus veredas intransitables o hasta usurpadas haciéndolas parte su propiedad, y los que usurparon calles o les ponen carteles de ‘calle privada’.

Algunos sólo quieren hacer tranquilos un par de fiestas al año, no hablamos de tirar fuegos artificiales todas las semanas, otros a diario son irresponsables, desconsiderados y hasta abusivos, quién se ocupa de ellos, dónde se hacen esas denuncias. O tal vez los que de vez en cuando se divierten son un poco más felices y eso los hará más tolerantes, menos denunciadores.

Habrá que buscar una fórmula que nos permita aceptar al otro, o cómo mínimo tolerarlo, habrá que empezar a invitar a los vecinos a las fiestas, o invitar a la delegada o al comisario, de última que son un par de sandwichitos más si vamos a pasar un buen rato con amigos o parientes.

No vivimos con ‘toque de queda’, mientras no se cobre entrada, mientras no se alquile para eventos, una fiesta en casa de tanto en tanto no debería ser algo denunciable. Es más cuando alguien llama para denunciar ruidos molestos deberían preguntarle ¿cuantas veces a la semana ocurre esto? Y según la respuesta decidir si realmente vale la pena distraer la tarea de cuidarnos y ocupar un patrullero y un par de policías para irrumpir en la casa de un vecino, que solamente, está haciendo, una fiesta.

 

Miriam Leo
Directora
miriamleo@gruposierra.com.ar

1 comentario para 'Editorial: Vení a mí fiestita!'

  1. Horacio Rey dice:

    RESPETO Y CONSIDERACION: Dos cosas que mucha gente se olvido que deben seguir existiendo en nuestro diario vivir. Las personas deben aprender a convivir de manera respetuosa, y ademas deberian ser mas consideradas. Si un vecino dispone de la comodidad de una casa y quiere hacer una fiesta no tiene por que pedirle permiso a nadie, pero si ser ubicado a la hora de hacer ruidos molestos en horas de descanzo. Si por cortecia queremos avisarle a nuestro vecino que daremos una fiesta, seguramente no haria problemas, y si nos ponemos como limite un horario adecuado, y durante un fin de semana, con mas razon no tendrian por que molestarse. APRENDAMOS A CONVIVIR CON RESPETO.

Deja un comentario

Tu email no será publicado

A %d blogueros les gusta esto: