EDITORIAL: Divide y reinarás

Algunas de las razones que nos hacen sentir vivos, no de piolas o vivillos, vivos en el mejor sentido de la palabra, son, además de nuestros afectos y por ahora el aire que respiramos, nuestros proyectos y objetivos, nuestras ilusiones, esperanzas, porque no, una buena comida bien regada y compartida en buena compañía, entre otros placeres de los que podemos disfrutar, a veces más o menos cotidianamente.

A nivel colectivo, y a pesar de las diferencias ideológicas y a veces numéricas que nos separan, las razones que nos mantienen unidos y vivos como sociedad y hasta como especie, son prácticamente las mismas.

Es obvio José Hernández cuando hace famoso a Martín Fierro por su célebre frase “si entre hermanos se pelean, los devoran los de afuera”.

Son los carroñeros, capaces de cualquier cosa para llevar agua aunque sea contaminada para su propio molino, los que andan de un oído a otro, llevando y trayendo mentiras o vendiendo espejitos de colores, para dividir y reinar.

Algunos hasta se animan a hacer públicos sus “chismes”, la red troncal de gas, un centro cultural en la vieja Terminal, el “nuevo” predio de disposición final de residuos o el emisario submarino, un Centro de Atención Primaria de la Salud que ya no tiene médico las 24 horas, una ambulancia que nunca llega, un Parador Turístico que no funcionó en todo el verano y ahora… el nuevo “chisme”, las elecciones.

Tiran bombas de humo para tapar sus chanchullos, sus actos de corrupción, sus mentiras y de paso… calman los reclamos de sectores postergados como Sierra y Batán, mientras gastan cientos y cientos de miles de pesos en fiestas, adornitos, autobombo y ahora lo harán en urnas electrónicas.

Lamentablemente, la mayoría de las veces logran su propósito.
Distraerlos, manipularlos, inscribirlos en una competencia donde hay un sólo “vehículo arreglado”, un sólo “auto tuneado”, el de ellos.

Dividen las metas y los objetivos de los vecinos y comunidades, enfrentándolos en discusiones casi siempre estériles, mientras ellos, sus parientes, amigos y protegidos, siguen atornillados a sus puestos, cobrando onerosos sueldos y malgastando con inoperancia y corrupción los dineros que salen de nuestros bolsillos.

Mientras sigamos sin ver sus propósitos, seguiremos como sociedad, alejándonos cada vez más de los nuestros, estaremos más lejos de tener la calidad de vida que buscamos, que esperamos, siendo simples observadores de las ramas que caen, los autos que corren, los chicos y jóvenes que no tienen donde jugar o practicar un deporte.

Seguiremos andando por las calles de nuestros barrios a oscuras, esquivando cráteres y basurales y conscientes de que si algo pasa, en la salita no hay médico ni ambulancia.

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