Reductores de velocidad: Dicen que García dejó el lomo en la Delegación

En el mes de Febrero, después de la manifestación y corte que realizaron un grupo de vecinos en el arco de Sierra y al que García se atrevió a tildar de “cuestión política”, chicana que utilizan los funcionarios para ningunear primero a los vecinos y sobre todo sus reclamos, salió corriendo a hacer algún deber y se puso personalmente a controlar la poda de los árboles de la calle Argentina.

Lo mismo pasó con los reductores de velocidad.

En el mes de Febrero, después de la manifestación y corte que realizaron un grupo de vecinos en el arco de Sierra y al que García se atrevió a tildar de “cuestión política”, chicana que utilizan los funcionarios para ningunear primero a los vecinos y sobre todo sus reclamos, salió corriendo a hacer algún deber y se puso personalmente a controlar la poda de los árboles de la calle Argentina.

Dos años llevaba la Sociedad de Vecinos cursando notas para conseguir lo que pudo solucionar en dos días. El ruido, el escrache, un poco de atención de algunos medios al reclamo de los vecinos pudo más que las notas, gestiones y pedidos formales de una institución del barrio.

Éste mes, cuando se acercó al arco de Sierra durante el corte que realizaban los padres de las escuelas, pensó que zafaba, pero varios se le fueron encima y le cantaron las cuarenta. “A usted no le podemos pedir que arregle la escuela ni hacerlo cargo del estado en que se encuentra” le dijeron con buen criterio. Pero inmediatamente le pasaron la factura por una larga lista de pedidos, también prolijos y por nota que habían realizado desde la entidad educativa y que el Delegado nunca se había dignado siquiera a contestar.
Entre otros, los reductores de velocidad y los carteles señalizando los establecimientos escolares. No pasó ni una semana que los lomos de burro estaban hasta pintaditos y los carteles colocados.

Otra vez, frente a una movida ruidosa y mediática corrió a dar solución a un problema, que además él mismo había empeorado cuando tapó el cincuentenario guardaganado del arco.

De nuevo, los gritos, los cánticos, las consignas que no representan otra cosa que el hartazgo de los vecinos, dio más resultados que meses de notas, gestiones y súplicas de entidades que intentan velar por la seguridad de la comunidad.

Conclusión, hay que hacerse ecologista, no gastar más papel, sacar las tapas de las cacerolas y pegar cuatro gritos cuando se quiere conseguir algo de alguien que más tarde que temprano deja el lomo en la gestión y como corresponde, se saca fotos en la obra realizada.

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