13º Aniversario: Cangapol un guía «editorial»

Hace 13 años cuando iniciamos la odisea de crear un medio local necesitábamos un modelo, un personaje telúrico a quien continuar en sus pensamientos. En definitiva era el primer diario de una amplia zona y no éramos quiénes para pretender cambiar la historia.
Y la conclusión fue que la figura notable era el verdadero dueño de nuestras tierras: el Cacique Cangapol.
Cangapol, también conocido como «Nicolás el Bravo», o simplemente «el Bravo» era hijo del cacique Cacapol, también conocido como «Juan el Bravo», y era natural de un paraje conocido como Huechín, en la confluencia del Río Neuquén con el Río Limay. Pero ambos desarrollaron su principal actividad (incluso el comercio con los españoles) y sus propias guerras, entre Casuhatí, hoy Sierra de la Ventana y lo que denominaban las Sierras del Volcán, el cordón que llega desde Tandil hasta nuestra Laguna de lo Padres, en ese momento de las Cabrillas. Por eso los Padres jesuitas que lo conocieron muy bien a Cangapol y todo su pueblo los llamaron indios “Pampas Serranos”.

Pero, ¿por qué era un ejemplo a seguir? En primer lugar porque fue un caballero con todas las letras, escuchó a los jesuitas, dialogó, hasta que quisieron hacerles cambiar la forma de pensar. Defendió su tierra incluso con sangre y pensaba principalmente en sus ciudadanos a pesar de ser el “Jefe”. Por ello cuando los sacerdotes pidieron ayuda a los ejércitos españoles porque no podían dominar sus pensamientos, Cangapol los atacó y tuvieron que huir.

Esa fue y sigue siendo nuestra línea editorial cuando lanzamos Nueva Sierra, primero los vecinos –aunque sin caciques- primero lo nuestro, lo propio, lo serrano antes que lo foráneo. Pero con toda la fuerza y la bravura de las palabras en tinta sobre el papel, mucho más eficaces para los cipayos que las lanzas y las flechas. Acá no había, ni hay lugar para los tibios cuando se trata de defender lo nuestro. Ya no pueden venir de afuera a decirnos qué hay que hacer o como debemos pensar. Lo discutimos acá.
Si el gran Cangapol hubiera tenido un diario, hubiese quizás escrito en 1739 lo que dijo frente a un Consejo de Jefes indios y que luego corrió de boca en boca por generaciones:
“¿De quién es el aire, de quién es el agua de la laguna y los ríos, la sal, la leña, los piches, guanacos, avestruces y hasta los baguales y ganados y vacas del campo? ¿De alguno, de la tribu, de alguna otra, o de todos? Para que toda la gente respire, beba, coma, para vivir. ¿Qué sucedería si un indio entre sus hermanos pretendiera ello para si solo?”

Carlos Vazquez
Ex Editor de Nueva Sierra
Director de 0223.com.ar

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