EDITORIAL: Descontrol

Hace algunos años ya hablamos del sentido común, decíamos que es, más o menos, el conocimiento que se adquiere por medio de la experiencia y a través de los sentidos, de una manera espontánea, dispersa, acrítica y convencional, debido a que este tipo de conocimiento se basa en la tradición o consenso de la mayoría; es decir, la vigencia de este tipo de conocimientos se debe al acuerdo común de quienes lo comparten y utilizan. Podríamos decir que es la aplicación de lo lógico.
¿Por qué volver hablar del sentido común? Porque lamentablemente vemos a diario que cada vez les falta más a quienes más necesitarían aplicarlo.

El sentido común y la coherencia, podrían ser las bases de acuerdo de una comunidad, ¿qué está bien y qué está mal?, podrían surgir de esas bases para no meternos con la moral que ya es algo mucho más profundo.
El sentido común nos dice por ejemplo, que si el Delegado autoriza a instituciones de la zona a tirar en una cava restos de podas, y luego no controla, no supervisa, mira para otro lado, esa cava se va a transformar en un basural que va a contaminar napas, que va a ser quemado asiduamente provocando humo y olores desagradables que como siempre soportan los vecinos.
Ya decíamos que si seguía construyendo dentro del barrio Sierra, más de una vivienda por lote, más metros de los que corresponden, tirando árboles descontroladamente, ocupando veredas, arrojando aguas, podas y basura, sin control, sin importar a quién, cada vez íbamos a tener más problemas.
La lógica nos dice que si un complejo comercial arroja desde hace años desechos cloacales a la vía pública y a los vecinos porque no encontró la manera de resolver el problema, no se puede permitir un complejo de cabañas en el mismo sector por que va a empeorar la situación.
Desde hace más de 2 años el Delegado escucha este reclamo sin hacer nada para solucionar el problema. En cualquier lugar hubieran clausurado hasta tanto lo resuelvan, pero acá existe el agravante de que permiten construir a sólo metros, un complejo que además ocupa deliberadamente parte de espacios públicos.
Es necesario, imprescindible, que quienes generan las normas a seguir y deben controlar su cumplimiento, asuman ese rol con responsabilidad y no que se dejen comprar, a veces solamente por unos cafés o unos platos de comida.
En forma permanente recibimos denuncias de talas, quemas, construcciones clandestinas, los vecinos llaman después de haber agotado las vías administrativas sin obtener respuestas, a veces casi sin ser escuchados y otras incluso después de haber sido mal atendidos o mal tratados.
No nos vamos a cansar de repetirlo, no se puede seguir improvisando, es fundamental generar un plan urbanístico serio que contemple y corrija si es necesario lo que hay a la fecha, y que ponga un límite en el futuro donde realmente sea necesario ponerlo. Pero un límite que después cumplan todos o hagan cumplir quienes asumieron voluntariamente ese rol.
No nos caben dudas, ni a nosotros ni a los vecinos, aunque intenten negarlo, aunque digan que el agua servida que ya filtra por debajo de algunos pavimentos y probablemente por debajo de los cimientos de algún vecino es una vertiente de agua mineral y que huele a Chanel nº 5, acá hay hijos y entenados. Hijos que hacen lo que quieren incluso en sectores no comerciales y entenados a los que se les persigue muchas veces por el simple hecho de no ser obsecuentes o dadivosos.

Miriam Leo
Directora

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