{"id":4525,"date":"2020-05-30T11:30:43","date_gmt":"2020-05-30T14:30:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuevasierra.com.ar\/?p=4525"},"modified":"2022-04-21T22:21:42","modified_gmt":"2022-04-22T01:21:42","slug":"taller-de-escritura-creativa-campos-de-palabras-de-la-biblioteca-de-sierra-de-los-padres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.nuevasierra.com.ar\/?p=4525","title":{"rendered":"Taller de escritura creativa \u201cCampos de Palabras\u201d de la Biblioteca de Sierra de los Padres"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-4526\" src=\"https:\/\/www.nuevasierra.com.ar\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/taller-de-escritura-300x169.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"169\" \/>En la Biblioteca P\u00fablica \u201cSierra de Los Padres\u201d, se realiza desde agosto del a\u00f1o 2016 el Taller de Escritura Creativa \u201cCampo de Palabras\u201d. En sus comienzos fue brindado por la escritora serrana Carolina Peleretegui y la editora y tallerista Sandra L\u00f3pez Maidana. Luego pas\u00f3 a ser coordinado por la Bibliotecaria Jessica Flores. El a\u00f1o pasado se hizo cargo la escritora y editora Alejandra Muente. En todo este tiempo, han pasado m\u00e1s de 30 talleristas, mujeres y hombres de diversas edades que, a trav\u00e9s de juegos y ejercicios, lograron soltar la mano, dando rienda suelta a su creatividad. Como resultado se escribieron bell\u00edsimos cuentos, poemas y ensayos que fueron escuchados y aplaudidos, emocion\u00e1ndonos con cada palabra.<br \/>\nDado que este a\u00f1o a\u00fan no se pudo abrir el taller, queremos compartir con ustedes un conmovedor cuento de Alejandra Muente que generosamente nos regala.<br \/>\nEsperamos que lo disfruten tanto como nosotros, y que pronto podamos volver a reunirnos en nuestra querida Biblioteca P\u00fablica.<\/p>\n<p><em><strong>Jessica Flores &#8211; Bibliotecaria<\/strong><\/em><\/p>\n<p><strong><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-4527\" src=\"https:\/\/www.nuevasierra.com.ar\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/ALEJANDRA-muente-150x150.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" \/><br \/>\nNO DESPERTAR<\/strong><\/p>\n<p><em><strong>De Alejandra Muente<\/strong><\/em><\/p>\n<p>La voz de Joaqu\u00edn Sabina sali\u00f3 de la radio y envolvi\u00f3 el aire de manera m\u00e1gica, haci\u00e9ndolo m\u00e1s c\u00e1lido de lo que era.<!--more--><br \/>\nLos 30 de diciembre siempre ol\u00edan igual. Un poco a comida reci\u00e9n horneada, a ilusiones venideras, a sue\u00f1os por cumplirse. A p\u00f3lvora.<br \/>\nPor fin el term\u00f3metro de la pavita salt\u00f3, eso indicaba que la cena del 31 estaba lista. Satisfecha, con la tarea cumplida, abr\u00ed la heladera para guardarla, y aprovechar as\u00ed, el fresco que de ella sal\u00eda.<br \/>\nDe vez en cuando el estruendo de un cohete hac\u00eda que me sobresaltara. El calor era sofocante, el horno hab\u00eda estado encendido por mucho tiempo.<br \/>\nCon un calendario que Daniel, el almacenero, me hab\u00eda regalado, me abanicaba mientras canturreaba distra\u00eddamente -como al pasar- \u201cmentiras piadosas\u201d. Suspir\u00e9 hondo, y decid\u00ed tomar una ducha casi fr\u00eda, para reconfortarme.<br \/>\nMe puse un camis\u00f3n gastado, con las tiras anudadas porque ya se hab\u00edan roto tantas veces. Es que me costaba tirarlo, como a un trapo viejo. Lo amaba. Con \u00e9l hab\u00eda parido a Pablo. Sal\u00ed del ba\u00f1o pein\u00e1ndome frente al ventilador. Ten\u00eda toda la ventana abierta, pod\u00eda ver a Delia, mi vecina, que estaba sentada mirando tele muy seria, como entumecida.<br \/>\nLa luz de unos fuegos artificiales cautiv\u00f3 mi atenci\u00f3n. Desde ni\u00f1a me fascinaron los destellos coloridos iluminando el cielo. Entonces llegaron a mi panza esas mariposas inquietas, llenas de recuerdos. Le di permiso a mi pasado, y volv\u00ed a ver ese patio con la mesa larga, y a nosotros los ni\u00f1os, correteando alrededor. Nostalgias de los besos mojados de las t\u00edas, de mi mano limpi\u00e1ndome inmediatamente las mejillas sin que se dieran cuenta. De verlas vestir la mesa con el mantel de fiesta, y usar las servilletas de tela; sacar las copas finas de la vitrina y a los ni\u00f1os, no dejarnos ni tocarlas. Llegaban a m\u00ed las voces de ellas, discutiendo qui\u00e9n tra\u00eda el pan dulce, qui\u00e9n se encargaba del vitel thon\u00e9; de las frutas secas.<br \/>\nCasi largu\u00e9 una carcajada cuando record\u00e9 al famoso carocero con forma de sapo, con la boca abierta, y me vi, escupiendo los carozos con fuerza, para ver si los embocaba. Las fiestas que vinieron despu\u00e9s fueron m\u00e1s solitarias. La gente se nos va yendo, las sillas van sobrando, y a la hora del brindis, se escapa sin querer, desde el coraz\u00f3n, alguna l\u00e1grima. Lo que nos queda por siempre son recuerdos de distintas \u00e9pocas, con distintos amores.<br \/>\nEl locutor de la radio, con esa voz que enamora sin conocerle la cara, estaba haciendo un balance del a\u00f1o. Cuando dio la noticia el peine se me cay\u00f3 de la mano. De lo que dijo antes, no hab\u00eda prestado atenci\u00f3n.<br \/>\nLos dedos de las manos no me respond\u00edan. Temblaban a un ritmo, que tuve que sostener una mano con la otra para prender la tele. Entonces lo vi todo. Imp\u00e1vida, con la boca abierta, no hac\u00eda nada. No pod\u00eda, no me animaba. Sal\u00ed del departamento en camis\u00f3n.<br \/>\nCuando llegu\u00e9 a la calle comenc\u00e9 a caminar desenfrenadamente. Sin rumbo, y con las manos tendidas. Como esperando que alguien, desde no s\u00e9 d\u00f3nde, me marcara el rumbo. Un taxi se detuvo .Alguien me ayud\u00f3 a subir, y, sin decir una sola palabra me llev\u00f3 a las puertas del infierno. Baj\u00e9 del auto con torpeza, ni siquiera esper\u00e9 a que parara. Comenc\u00e9 a buscar aterrada. Estaba confundida, mareada. Hab\u00eda perdido una chancleta. No sab\u00eda por d\u00f3nde empezar.<br \/>\nEl ruido escalofriante de las sirenas hac\u00eda que girara sobre m\u00ed misma, tap\u00e1ndome los o\u00eddos con las manos, produci\u00e9ndome un v\u00e9rtigo nauseabundo. Gritaba sin emitir sonido. Tantas veces me declar\u00e9 atea, tantas otras jur\u00e9 y perjur\u00e9 no creer en nada y sin embargo, s\u00f3lo pod\u00eda decir<br \/>\n\u201d \u00a1Dios m\u00edo ay\u00fadame!\u201d, \u201c\u00a1Dios m\u00edo ay\u00fadame!\u201d.<br \/>\nSegu\u00ed dando vueltas. Sent\u00eda que me pisaban, me atropellaban. Ca\u00ed al suelo de boca, y desde all\u00ed abajo vi, lo que jam\u00e1s hubiese querido ver. Cuerpos sin vida sal\u00edan por decenas, ennegrecidos, como si fuera una guerra. Alguien me levant\u00f3. Segu\u00ed a un grupo de gente y me encontr\u00e9 parada en la puerta de un hospital. Le\u00edan una lista. Cada vez que los escuchaba decir un nombre sent\u00eda que mi respiraci\u00f3n se deten\u00eda. En cada grito escuchaba su voz. Cada llamado era un mam\u00e1 \u201cac\u00e1 estoy\u201d.<br \/>\nCamin\u00e9 toda la noche. Nunca cerr\u00e9 los ojos. Los ten\u00eda secos.<br \/>\nA las 7 de la ma\u00f1ana llegu\u00e9 a mi departamento. La puerta estaba abierta. Entr\u00e9 casi arrastr\u00e1ndome. Los pies me sangraban. Busqu\u00e9 las llaves y cre\u00ed cerrar la puerta para siempre. Apagu\u00e9 la tele, y camin\u00e9 como un zombi hasta mi cama. Me tend\u00ed sobre ella. Ya no temblaba, estaba fr\u00eda. Sent\u00ed mis labios secos, tajados. De a poco los fui cerrando.<br \/>\nMis ojos tambi\u00e9n lo hicieron\u2026 hab\u00edan visto tanto horror\u2026<br \/>\nEscuch\u00e9 las llaves en la puerta; el picaporte girar. Pero ya no ten\u00eda fuerzas para levantarme.<br \/>\nPasos lentos, tan suaves que parec\u00edan no tocar el suelo, se acercaban a mi dormitorio. Pablo se par\u00f3 a los pies de mi cama, como cuando era peque\u00f1o y ten\u00eda una pesadilla. Sin abrir siquiera mis p\u00e1rpados nos miramos en silencio por mucho tiempo. Entonces volv\u00ed a verlo nacer; lo volv\u00ed a acunar. Le puse el pintorcito, el guardapolvo blanco. Le prepar\u00e9 la chocolatada con mucha az\u00facar. Jugamos al avi\u00f3n loco en mi cama. Lo volv\u00ed a despedir en su viaje de egresados, y lo volv\u00ed a recibir cuando baj\u00f3 del micro. Bes\u00e9 sus l\u00e1grimas, y tragu\u00e9 las m\u00edas, cuando su noviecita lo abandon\u00f3.<br \/>\nPuse la mano sobre mi pecho y sent\u00ed a mi coraz\u00f3n latir muy bajito. Como desganado y a punto de dormirse. Quise abrazarlo, pero tem\u00ed lastimarlo. Al tomar su mano, lo sent\u00ed tan fr\u00e1gil\u2026<br \/>\nBusqu\u00e9 sus mejillas para besarlo. Not\u00e9 su piel tan suave, como la de un \u00e1ngel. Creo que pasamos varias horas as\u00ed, en ese hilo tan finito que existe entre la vida y la muerte\u2026<br \/>\nLentamente me fui incorporando. \u00a1Ten\u00eda tanto fr\u00edo! Pablo ya no estaba all\u00ed.<br \/>\nLlegu\u00e9 al comedor en puntitas de pie para no asustarlo. La tele estaba apagada; la puerta cerrada, tal cual la hab\u00eda dejado. La ventana segu\u00eda abierta de par en par. Esp\u00ede al cielo.<br \/>\nEl sol brillaba, encendido por la energ\u00eda de las almas; y supe que, cuando cayera la noche, nacer\u00edan muchas estrellas que ya ten\u00edan nombre. Me sent\u00e9 en la silla mecedora, y comenc\u00e9 a balancearme. Despacio, r\u00edtmicamente, como quien desea dormir a un beb\u00e9.<br \/>\nTend\u00ed mis brazos y abr\u00ed mis manos como abanicos. S\u00f3lo pod\u00eda escuchar el ruido de la madera crujir cada vez que la silla se mec\u00eda. El balanceo fue cada vez m\u00e1s lento. El sonido casi imperceptible. Y el dolor cada vez m\u00e1s dulce, m\u00e1s liviano.<br \/>\nMi coraz\u00f3n segu\u00eda el ritmo de la mecedora. Mis ojos entreabiertos se mov\u00edan de lado a lado. Como un reloj cuc\u00fa. Buscando.<br \/>\nEl silencio fue sepulcral. De pronto, todo se detuvo al mismo tiempo: la mecedora dej\u00f3 de moverse. Mis pupilas se clavaron justo en el centro de mis ojos.<br \/>\nY all\u00ed estaba Pablo, sonriendo, con la carita limpia y la ropa impecable, como cuando sali\u00f3 de casa. Con el pelo todav\u00eda mojado y el perfume reci\u00e9n puesto. Partimos los dos hacia la vida. Hacia el todo, hacia la nada. Pero juntos.<br \/>\nSin calendarios, sin estaciones, sin a\u00f1os nuevos.<br \/>\nSer\u00e1 porque s\u00f3lo en sue\u00f1os pod\u00eda verlo\u2026 eleg\u00ed no despertarme.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la Biblioteca P\u00fablica \u201cSierra de Los Padres\u201d, se realiza desde agosto del a\u00f1o 2016 el Taller de Escritura Creativa \u201cCampo de Palabras\u201d. En sus comienzos fue brindado por la escritora serrana Carolina Peleretegui y la editora y tallerista Sandra L\u00f3pez Maidana. Luego pas\u00f3 a ser coordinado por la Bibliotecaria Jessica Flores. 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