Editorial: El Monstruo Penseque

Hoy en día, en que se hizo famoso, o puso de moda el monstruo Penseque, creación del profesor de Liderazgo Bernardo Bárcena, podemos explicar mejor porqué desde estas páginas hablamos tanto de comunicación, no de medios de comunicación o de la comunicación de los medios. La comunicación se da en todas partes, desde la familia como la cosa más normal y cotidiana hasta en el trabajo, las redes sociales, la escuela, cualquier reunión o incluso en un encuentro casual.

Dice, y muchos especialistas lo apoyan, que el principal enemigo de la comunicación es el monstruo Penseque, porque cuando transmitimos cualquier información lo hacemos pensando que el otro conoce parte de ella, creemos que muchos datos de esa información son obvios, entonces el mensaje llega a medias y poco claro. El monstruo Penseque, es básicamente la mala costumbre de suponer en lugar de preguntar para confirmar datos; lo que permite evitar confusiones. Cada uno tiene lo que se llama un contexto de obviedad diferente. Es decir, lo que puede ser obvio para determinada persona puede no serlo para otra.

Si cuando uno se comunica con otro, no ofrece toda la información necesaria, el que recibe el mensaje la va a completar. La clave está en cómo la completa: si pregunta acerca de los datos faltantes, estará allanando la posibilidad de una comunicación efectiva. Si, por el contrario, supone, entra en una zona de riesgo ya que la probabilidad de que haya fallas y desencuentros es demasiado alta. Es entonces cuando hace su aparición el monstruo Penseque y, de su mano, las clásicas afirmaciones como “pensé que tenía que ir a las 10 de la noche; no a las 10 de la mañana”; “pensé que se podía venir con lo chicos”; “pensé que era gratis”.

Ahora bien, los especialistas echan casi todas las culpas al que transmite el mensaje, pero las que se comunican son dos personas que creen dialogar, cuando en realidad lo que hacen es monologar al mismo tiempo, es una situación habitual como la que se da en una conversación entre gente que, en lugar de escucharse mutuamente, está muy concentrada pensando en lo que va a contestar cuando el otro se calle.

Nosotros creemos que el receptor también es responsable de saber qué hace con la información que recibe, repreguntar si hay dudas, chequearla si creemos que la fuente no es tan confiable y en mucho casos profundizarla, olvidarnos del pensé que… porque hoy en día que tenemos tantos herramientas de información y consulta al alcance, es un desperdicio quedarnos en dimes y diretes.

Arrojar juicios de valor, defenestrar el trabajo o la reputación de otros, transmitir datos o información, afirmar que algo es malo o muy bueno, abrazados solamente al pensé que, puede ser riesgoso, dañino, tanto para el que transmite como para el que recibe el mensaje.

Y como ya sabemos, que pueblo chico… Antes de ser parte de la larga cadena del teléfono descompuesto, pensemos bien y no nos escudemos en el pensé que.

En la Feria del 30 Aniversario de la Escuela Secundaria N° 13, tuvimos la oportunidad de escuchar un audiolibro, se trataba de un cuento corto con un final trágico, no un final feliz, ante nuestra cara mezcla de asombro y horror y el comentario “Que final!”, un adolescente de 14 años, nos dijo, “Es la justicia poética”.

Miriam Leo
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