Columna de opinión: La zona castiga

Por Libertad Magenta

No hay estado más feliz que el democrático, y no es un simple juego de palabras, es una realidad. El poder de elegir a quienes nos representan y a través de ellos tomar las decisiones que nos lleven a una mejor (o peor) calidad de vida, a una mayor amplitud de derechos u obligaciones, elegir entre todos, sin distinciones de ideologías, partidos, géneros, credos o razas, elegir y que mi voto valga uno, igual que el que más y que el que menos.

Que bella es la democracia y que perfectible, y si la traemos a nuestro terruño podemos agregar y que escasa. En nuestra zona ganó (ajustada) la candidata a Intendenta que en su discurso en el acto de cierre nacional no nos nombró una sola vez y cuando quiso hacerlo dijo el “cordón (?)”, tiene su explicación, la seguidilla de gobiernos municipales radicales y vecinalistas que se olvidaron de que existimos, que nos dejaron librados al azar, que se gastaron el dinero de nuestros caminos rurales en los sueldos de una planta municipal insostenible, los ingresos de nuestra producción en luces nuevas para la peatonal San Martín, el ABL de nuestro barrios para barrer las calles del centro (acá ya no se puede transitar ni caminando), y la coparticipación de nuestras más de 60mil hectáreas para llenar los bolsillos de funcionarios políticos que en muchos casos no pisan la zona ni una vez en toda su gestión salvo para visitar a algún amigo, es claro que la zona castiga y que hasta hoy tampoco hubo nadie que nos enamore.

Pero lo más lindo de la democracia es que cada cuatro años nos da la oportunidad de renovar las esperanzas y mirar al futuro con nuevas expectativas, desde el 10 de diciembre tendremos un nuevo gobernador y porque no vamos ilusionarnos con que por una vez alguien nos mire y diga esta gente también vale, esta zona también merece crecer, General Pueyrredon no necesita tanto y ellos necesitan ser un municipio, y tal vez en cuatro años ir a votar contentos, ir y votar por un intendente nuestro, uno al que le vamos a golpear la puerta y nos escucha como vecino pero también, con la posibilidad de hacer en sus manos.

No hay que bajar los brazos, hay que volver a presentar el proyecto y hacernos escuchar, porque tenemos todo para crecer, para desarrollarnos y vivir en un lugar mejor.

 

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