Editorial: Hacerse cargo

La mezcla inconsistente de comentarios que se pueden escuchar provenientes de la misma persona, es una muestra de que pocos se hacen cargo realmente de sus acciones y pensamientos, al menos en su totalidad. Parece que lo que nos pasa como sociedad nunca tiene que ver con nosotros y no nos hacemos cargo.

Pero para juzgar, criticar, señalar como equivocado el pensamiento del otro o pretender hacerlo callar, para eso están a la orden del día, de tal manera que hasta a nosotros que no tenemos muchas inhibiciones nos cuesta encarar un tema para que no nos tilden de macristas o kirchneristas, federales o unitarios, de bosteros o gallinas, como si cualquiera de esas elecciones fueran prohibidas, punibles o sancionables.

Así que sin tapujos, vamos a adentrarnos para defender “LA POLÍTICA”, para defenestrar de una vez por todas aquellas frases que pretenden echar por tierra su importancia en nuestra vida. “A mí me da lo mismo que venga cualquiera, yo me tengo que levantar igual todas las mañanas para ir trabajar”. “Los políticos son todos iguales”. “A mí la política no me va ni me viene”. “La política no me resuelve los problemas”. O la famosa “Me da asco la política”….

No es cierto queridos lectores, y vamos a repetir, otra vez, una frase de una directora retirada de la Escuela N°46 de Gloria de la Peregrina, Cristina González, cuando en una reunión de padres, dónde se quejaban por la presencia de Concejales aludiendo que la escuela no era para hacer política, les dijo “No se equivoquen mamás, llevar todos los días el pan a la mesa es hacer política” y nosotros agregaríamos que haya escuelas y que funcionen y que los chicos puedan ir a estudiar también es política. Que haya más y mejores trabajos es política. Que nos levantemos a la mañana y podamos ir a trabajar es política.

Podemos ser apartidarios, no militar y definir en una elección nuestro voto según la propuesta o la cara de los candidatos. Pero creer que la política no influye en nuestras vidas, es ser un necio.

Y acá queremos, mejor dicho necesitamos aclarar, que cualquiera sea la idea, el pensamiento o la actitud de cada uno para elegir el que crea que es el mejor camino para alcanzar el bienestar personal y colectivo, es y debe ser respetado por el resto. Porque de eso se trata la democracia, de convivir en paz en la diferencia, pero sobre todo, porque de eso se trata la vida, de convivir a pesar de las diferencias, respetarlas y aceptarlas, obviamente siempre y cuando no atropellen los derechos del otro.

Pero para lograr esa paz es indispensable que nos pongamos en los zapatos del otro, en lo cotidiano, vamos a usar las palabras que dijo hace pocos días el presidente de la Sociedad de Vecinos, “es necesario que los que andan en auto piensen en los que andan en colectivo, que los que están a una cuadra del colectivo piensen en los que están a doce cuadras, que los que viven sobre pavimento piensen en los que viven en calle de tierra y los que tienen la suerte de que el recolector de residuos pase por su puerta piensen en los que no tienen esa suerte…..”.

Ninguna comunidad crece en bienestar sin equidad, no se puede estar bien solo, aislado, si alrededor todo se cae a pedazos. Pero no se puede crecer saludable si no aprendemos a respetar al otro, piense lo que piense y vote lo que vote.

La supuesta grieta no es algo real, existe o no en cada uno de nosotros. Está fabricada para los imbéciles que no aceptan el disenso y las diferencias y como dijo Oscar Wilde “Los locos a veces se curan. Los imbéciles nunca.”

Miriam Leo
miriamleo@sierradelospadres.com.ar

Deja un comentario

Tu email no será publicado

A %d blogueros les gusta esto: