Editorial: Cambio climático

En una época donde la humanidad o al menos parte de ella comienza a tomar conciencia acerca del cambio climático, sólo queda entender que los cambios que esa ‘humanidad’ realice deben ser de abajo a hacia arriba. Si cada comunidad, cada pequeña comunidad, se ocupara, preocupara y trabajara en cuidar su propia aldea, en aportar su granito de arena al servicio de un cambio y un bien mayor, probablemente serían millones los que podrían marcar la diferencia.

Nuestra zona, no General Pueyrredón, no Mar del Plata, nuestra zona, seguramente es un oasis comparado con las grandes urbes incluso en nuestro país, sin embargo, hay un centenar de cambios que deberíamos tener en cuenta y hacer para colaborar y aportar al cuidado del planeta. Tenemos grandes cantidades de tierras cultivadas no sólo con producción frutihortícola, que a veces es la más castigada, sino también con cultivos intensivos como trigo, cebada, girasol, soja y maíz con el uso también intensivo de agroquímicos, ganadería y explotación intensiva de la napa de agua, todo sin control.

Y que hacemos, ¿dejamos de producir?, no, deberíamos controlar y regular esas actividades y el uso desmedido e inadecuado de agroquímicos y otros excesos que cometemos. De la misma manera que deberíamos concientizar y penalizar a los causantes de los incendios forestales que en la inmensa mayoría de los casos se producen por negligencia o por el mal uso de la quema inapropiada de rastrojos.

La separación de residuos en origen y el destino para su correcto reciclado es otro de los temas que deberíamos abordar seriamente con inversión real del estado, dónde están las bolsas de colores y los contenedores al alcance de los vecinos, dónde está la recolección clasificada.

Deberíamos además incentivar y promover el turismo como una actividad económica prioritaria en nuestra zona mientras cuidamos, en serio, de Laguna de los Padres, el humedal más importante del partido.

Lamentablemente la provincia y el municipio, mientras se tiran la pelota unos a otros aprovechan para mirar a otro lado, unos prefieren hacer inocuas bicisendas para evitar las emisiones tóxicas y los otros dejan el control en las manos de gigantes bobos incapaces de imaginar siquiera el futuro de zonas jóvenes como la nuestra que están en pleno desarrollo sin padres ni tutores que nos marquen un camino, que nos enseñen buenos modales y nos ayuden a crecer fuertes y sanos.

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